9.04.2006

Jean: como los mahones


Su sosten cargaba mas que esos pechos que han dado vida y placer, cargaban el polvo blanco sin el que no echaba un polvo, que le daba placer a la vida y vida al placer, su sosten era el almacen de donde los hombres de esa mesa comian, bebian, olian y se perdian...

Cigarrillo en mano presagiando el aliento que mas tarde se haria contundente, con las piernas cruzadas en aquella banqueta alta, con un estante de botellas que le servian de fondo a esas piernas que tambien guardan secretos, se sentaba Jean a reirse. El fin del mundo, o de su mundo, la atraparia riendo demencialmente. Las cervezas llegaban y salian de sus manos como un vaiven de olas, como su risa que iba y venia, que venia e iba entre viajes al bano, acompanada o sola, pero siempre sonriente, con un cuento de Blanca Nieves entre pecho y pecho, entre fosa y fosa.

Desde sus ojos la mesa daba vueltas y en el carrusel de aluminio rayado que era esa mesa redonda, los caballos afilaban sus dientes para montarla y sostenida del tubo ella reia, mientras alguna mano se asomaba hasta sus pechos y recogia lo que a risas habia pagado.

El dueno de la barra, un hombre obeso, con la bandera en la boina, en la sortija y con par de gotas tatuadas en los ojos, le agarraba la cintura a Jean, le paseaba sus manos por la plaza de sus piernas, le escondia sus dedos en la fuente y la llenaba de piropos, que como un abracadabra, abria piernas y destapaba pechos, y corria el polvo. Mas tarde se asomaria el tipo que corre el negocio, y como a un objeto mas de los placeres del negocio de placeres que tenian, tambien tocaria los montes blandos que morderia con su diente de oro, que abrazaria con sus toscos brazos adornados con el tipico tatuaje que lee: Perdoname madre mia. Y el hijo de Jean, tambien reiria, la risa demente es defecto hereditario luego de heredar los tragos.

Jean decia quererlos a todos y todos decian querer a Jean.

Entonces me recrimino el silencio; los espectadores estan prohibidos en este circo de alcohol, de placer alucinante, de verdades que se esconden bajo ropas de Milla de Oro (donde ella desfilaba durante el dia). Jean queria que yo tambien riera, como ella, como el gordo dueno, como el chico del revolver que era casi enano o como la puta de traje verde que jugaba al billar con el machote de camisa negra abierta que ensenaba su pecho velludo, su cadena de oro, su peinado impecable y su sortija de piedra negra y hombria desbordante, su actitud de perfume pesado en macho viril de pene grande.


Luego del desfile, de la risa improvisada y antes que partiera presa de todos los demonios y todos los santos que se habia metido al cuerpo le, pregunte su nombre:

-Jean: como los mahones.

Y rei de pena.


1 comentario:

ojitos dijo...

jean...es una cosa mas q t pones y t quitas... hasta ella misma se asemeja a un objeto

q mal!